Economía circular - bemariposa

Seguro que has visto en Internet alguna herramienta para calcular tu huella de carbono, como esta de WWF. Y hasta puede que hayas curioseado sobre la hídrica. Si no, te animamos a probarlas. Para saber cuál es la marca dejas cada día en el planeta debes hacer un ejercicio de reflexión. Tendrás que contabilizar desde el gasto energético de tu hogar a los medios de transporte que empleas, pasando por tus costumbres alimenticias y de ocio, entre muchos criterios más. El resultado que obtienes resume la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que son producidas al desarrollar todas tus actividades cotidianas. Sí, volar a menudo disparará tus indicadores. Pero tu forma de consumir pesa más de lo que crees.

La importancia de contemplar el ciclo de vida de un producto

Podemos definir, entonces, la huella de carbono como el total de gases de efecto invernadero liberados de manera directa o indirecta por una persona, organización, producto o evento. Por esta razón, es fundamental conocerla tanto para las personas como para las organizaciones. Solo así se podrá determinar qué medidas de reducción son las más eficaces.

Tener en cuenta el ciclo de vida de un producto en su totalidad resulta imprescindible para saber qué huella de carbono provoca. Esto incluye desde la obtención de materias primas al proceso de elaboración, la distribución, el propio uso y la etapa final de la vida útil. Precisamente esta última fase es esencial a la hora de reducir su huella ambiental. El depósito, reutilización o reciclaje de los objetos que ya no nos sirven es clave para reducir el gasto de materias primas y energía que supone crear otros nuevos que los sustituyan.

Ecodiseño: la herramienta de la economía circular

El sistema basado en extraer, producir, comprar, usar y tirar está llegando a su fin. Tenemos que entender que el planeta es un ser vivo, y que todo lo que hacemos está interrelacionado. Ya sabes, un simple aleteo de mariposa puede generar cambios en el lugar más insospechado 🙂

Sí, debemos consumir de manera consciente, eso lo tenemos claro. Pero de poco sirve que nos preocupemos por tomar buenas decisiones de compra si la forma de producir no cambia. Así, cobra protagonismo el ecodiseño o diseño sostenible. Consiste en incorporar criterios ambientales en la misma fase de concepción y creación de un producto. Es decir, plantea una visión integral, dirigida a reducir el impacto al mínimo. Para tenerlo claro, el beneficio de este planteamiento es así de amplio:

  • La persona productora optimiza el uso de agua, energía y recursos. También genera poco residuo y lo gestiona correctamente.
  • La persona que compra ese producto obtiene un bien duradero, de calidad, que consume menos y que se puede reparar.
  • La sociedad ahorra materias primas, que se pueden dedicar a otros fines. Además, se eliminan buena parte de de los costes del tratamiento de residuos.

Por si fuera poco, el punto de vista del ecodiseño es innovador y eficiente, y no compromete ni la seguridad, ni la funcionalidad o calidad de los bienes que se producen. Asimismo, da respuesta a las inquietudes ambientales de las personas consumidoras y ayuda a cumplir con la legislación a las organizaciones. Con todo esto no hay duda de que es un aliado imprescindible para transformar la economía lineal en una economía circular. Además, es una buena fuente de empleo local y de calidad. ¡Todo ventajas!

De la cuna a la cuna o convertir el residuo en recurso

La economía circular favorece la reutilización y el reciclado. Implica de forma colaborativa a todo el sistema que integra el ciclo de vida de un producto. Es decir, estarán involucradas desde las personas que intervienen en el diseño, a la producción, la reparación, el reciclaje, la gestión de residuos y el consumo final. De hecho, convertir los residuos en recursos es la estrategia clave. Si conoces el movimiento zero waste sabes a qué nos referimos. Acercarnos al residuo cero supone todo un reto, pero es posible, y la circularidad nos ayuda.

El ecodiseño, la ecología industrial y territorial, la economía basada en la funcionalidad (servicio) frente a la posesión (bien), dar un segundo uso a los productos, retuilizar residuos o partes de objetos para obtener nuevos prodctos (upcycling), reparar para dar una segunda vida, reciclar y valorizar (aprovechar como fuente de energía aquello que no se puede reciclar) son las claves que nos conducirán a ese círculo virtuoso en el que se puede convertir la economía.

En bemariposa tenemos muy claro que la circularidad debe cobrar cada vez más protagonismo. Si te fijas, muchos de los conceptos que mencionamos en el post están reflejados en las áreas de impacto de las empresas que encontrarás en nuestro marketplace social y sostenible. Ahora, solo falta que cada vez más personas apostemos por el efecto bemariposa. ¿Contamos contigo?

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